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Catalogados como alimentos formadores, la leche y sus derivados
no sólo resultan esenciales para el crecimiento de
los niños. En el caso de los adultos, los productos
lácteos representan una importante fuente de nutrientes
y, por qué no, de placeres gastronómicos
Sin lugar a dudas, la leche es uno de los alimentos más
importantes para el organismo y no sólo por la cantidad
de nutrientes que posee, sino también porque ayuda
a mejorar el propio valor nutricional de otros alimentos,
razón por la cual se recomienda utilizarla a la hora
de preparar cremas, salsas, soufflés, postres, etcétera.
Fuente de calcio, proteínas, grasas, carbohidratos
o azúcares y vitaminas, la leche, así como sus
derivados, forman parte del grupo de alimentos formadores,
en virtud de las funciones que desempeñan en el organismo.
He allí la importancia de consumir estos productos,
sencillamente porque contribuyen a formar huesos, uñas
y dientes fuertes y sanos, también favorecen la construcción
y reparación de músculos, tejidos y órganos,
y evitan la anemia, además de la fatiga muscular y
mental.
Un adecuado consumo de tales alimentos en la infancia puede
prevenir dolencias futuras, por ejemplo, la osteoporosis en
las mujeres de mediana y tercera edad. Sin embargo, más
allá de cualquier función preventiva, sobresale
el valor de la leche como fuente de energía y nutrientes
en la primera etapa de la vida (mucho mejor si es materna),
ya que de ella depende la salud del niño y su normal
desarrollo.
Definitivamente, la leche resulta imprescindible para el
niño desde que nace hasta que cumple sus primeros años,
pero de igual modo ofrece considerables beneficios a los adultos.
Para aquellos que hace mucho superaron la faceta de los teteros,
la leche y sus derivados son ingredientes fundamentales de
una dieta balanceada y, en muchos casos, exquisitos regalos
para el paladar, porque, ¿quién podría
despreciar un buen queso Manchego acompañado de una
copita de vino?
De procedencia conocida
Desde tiempos inmemoriables el hombre ha consumido la secreción
mamaria de diversos animales, específicamente los vegetarianos
domesticables como la vaca, la cabra, la oveja, el búfalo,
el chivo o el camello. Actualmente, gracias a los avances
tecnológicos y a la creatividad del ser humano, la
leche no sólo resulta un alimento muy seguro, de ella
se derivan productos deliciosos y muy útiles a la hora
de preparar recetas más complicadas.
Antes que nada hay que aclarar que existen varios tipos de
leche. La pasteurizada es la más común, la cual
se somete a un proceso de calentamiento para destruir las
bacterias portadoras de enfermedades; luego se encuentra la
homegeneizada, que experimenta un proceso que prolonga su
vida útil y evita que la grasa aparezca en la parte
superior en forma de crema; y la evaporada, que es aquella
a la que se le ha extraído un poco más de la
mitad del agua.
Las ahora muy famosas leches descremadas y semidescremadas
son frescas, pasteurizadas y poseen menos cantidad de grasas,
tienen un valor calórico reducido, por lo que son recomendadas
para las personas con exceso de peso o regímenes bajos
en grasas. La leche UHT es de larga conservación, no
necesita refrigeración hasta ser abierta, porque ha
sido envasada asépticamente en empaques especiales
que la protegen del oxígeno y la luz, manteniendo así
su calidad y sabor. La leche condensada posee mucha más
azúcar y menos contenido de agua, mientras que la leche
en polvo se logra al extraer toda el agua de la leche, no
necesita refrigeración y debe conservarse en lugares
frescos y secos.
Cabe destacar que existen personas que no pueden consumir
leche por intolerancia digestiva a la lactosa ¬el azúcar
de la leche¬, sin embargo, esto no quiere decir que deban
abstenerse de comer yogurt y quesos, especialmente maduros.
Es así que encontramos variedades de yogurt de todos
los sabores, incluso con cereales. Se trata de una leche fermentada
con una especie microbiana específica, un alimento
muy completo que además mejora la digestión
y restablece la flora intestinal de quienes toman antibióticos.
Otro de los derivados lácteos es la crema de leche,
la cual contiene mayor concentración de grasas y vitaminas
liposolubles (A y D), y se puede obtener de forma casera dejando
reposar la leche para separar la grasa (o nata) que contiene
por diferencia de densidades. La mantequilla, por su parte,
aunque se origina de la leche, se ubica en el grupo de los
alimentos energéticos, por su alto contenido de grasas,
posee vitaminas A y D, y se obtiene al separar la grasa de
la crema, hasta el punto que se rompa la emulsión.
Finalmente, encontramos a los quesos, de extraordinario valor
nutritivo y variados sabores, aromas y texturas, tanto así
que merecen un capítulo aparte.
Hijos predilectos
Los quesos son los derivados lácteos por excelencia,
fuente de proteínas y minerales, además de alimento
delicioso.
Al variar la leche utilizada, el cultivo láctico añadido
y el proceso de elaboración, se obtienen diferentes
tipos de quesos, los cuales pueden clasificarse atendiendo
a tres grandes grupos: frescos, maduros y fundidos.
Los quesos frescos son aquellos que no sufren ningún
proceso de maduración, los maduros, como su nombre
lo indica, son aquellos que a través de técnicas
de maduración adquieren diferentes aromas, sabores
y texturas, mejorando su conservación y digestibilidad,
y los fundidos se extraen de varios quesos o de uno solo y
en ocasiones se les añaden otros ingredientes como
leche en polvo, suero, crema o mantequilla, agua y sal.
Para conservar el queso debe mantenérsele refrigerado
y además se tiene que proteger del aire que produce
resequedad y forma levaduras en su superficie, y de la luz
que provoca oxidación de la grasa. Si el queso se reseca
y se pone muy duro, los mejor es rallarlo o utilizarlo para
gratinar.
Ahora bien, más allá de la clasificación
básica de los quesos, existe otra según el origen
de los mismos. Por ejemplo, el Emmental es un queso oriundo
de Suiza, de pasta firme y grasosa, con grandes ojos circulares
y de sabor suave, al igual que el Gruyére, muy similar,
pero con agujeros más pequeños.
De Francia son el Camembert, de corteza blanca o grisácea,
suave y "mohosa", su pasta es blanda, su color crema,
y se derrite con facilidad; el queso Brie, muy parecido al
anterior, de delicado sabor; el Petit Suisse, cremoso y sin
sal, y el inigualable Roquefort, picante y seco, es el queso
más fuerte conocido y se elabora con leche de oveja.
El Tilsit es originario de Alemania, se trata de un queso
semiduro de textura uniforme, sabor suave y con orificios
muy pequeños, mientras que el Gouda y el Edam son de
Holanda, el primero de color amarillo pálido y ligeramente
picante, mientras que el segundo es más oscuro y de
sabor suave.
El famoso Parmesano, rico en grasa y de gusto penetrante,
tiene su origen en Italia, al igual que el Gorgonzola, fuerte,
picante y aromático, con vetas similares a las del
Roquefort.
De Inglaterra son conocidos el Cheddar y el Chesire, ambos
parecidos: amarillos y salados. Finalmente, nos encontramos
ante las delicias españolas como lo son el queso Cabrales
de consistencia semidura, sabor fuerte y fermentado; el Manchego,
de fama mundial, es elaborado con leche de oveja y se puede
consumir fresco o añejo, y el Cervera, conocido también
como fresco valenciano.
Pues bien, especificadas las propiedades de la leche y sus
derivados, queda a juicio del consumidor decidir entre un
vaso de esta blanca bebida, un nutritivo yogurt o una buena
picada con quesos variados.
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